Amigos, este día se lo dedicamos a Arturo Álvarez Hernández, un árbitro destacado que nos platicó de manera emotiva y nostálgica de su inmenso amor por el arbitraje, responsabilidad que surgió súbitamente, pues nunca imaginó que una emergencia lo llevaría a convertirse en uno de los nazarenos duranguenses más sobresaliente de los años 80.
Fue una ocasión en la que Arturo Álvarez acudió a “La Cuadra” a disfrutar un partido, pero el árbitro no llegó, entonces jugadores y amigos lo animaron a dirigir el encuentro para que los equipos no se fueran sin jugar; ahí cambió su vida, porque lo hizo muy bien y fue invitado a formar parte del cuerpo arbitral de la Liga Municipal, que dirigía don Luis O. Navas (qepd).
A raíz de que empezó a silbar de manera empírica, buscó documentarse y asistió a cursos que promovía la Asociación de Futbol, a cargo de Salvador Molinar Palma, y otros organizados por el Instituto del Deporte y su mentor, el profesor José Guadalupe Jiménez, colegiado profesional de Torreón Coahuila, quien le enseñó lo que representa un árbitro dentro de la cancha; reconoce también el apoyo incondicional de su esposa que era la encargada de tener siempre sus aditamentos listos para presentarse impecable al centro del campo.
Algunos compañeros de su época fueron: Ojeda, Meza y Alejandro Luna (su mejor compañero y amigo).
Recuerda Arturo Álvarez que en su trayectoria pitó en todos los campos de las diferentes ligas de Durango, así como importantes torneos de Miguel Auza y Juan Aldama, Zacatecas, en la Copa México 86, en Santiago Papasquiaro, el tradicional torneo de Semana Santa de Canatlán (donde en una ocasión le sacaron una pistola) y en varios eventos nacionales, en colima y Guadalajara. Nos cuenta que su máximo logro fue pitar el juego inaugural y una semifinal de un Torneo Benito Juárez, pocos árbitros pueden presumir eso.
Don Arturo Álvarez Hernández agradece el apoyo que siempre recibió de personas del futbol como: Reynaldo de los Santos, Gerardo “Chata” Castañeda, “Chava” González, Quique Gamero, Lic. Emilio Escamilla y Miguel Álvarez, entre otros y agradece al arbitraje las grandes amistades que ha cosechado y de lo único que se arrepiente es no haber iniciado más joven. Dejó de arbitrar en pleno uso de sus facultades para atender a sus cuatro hijos y su esposa, que son su motor de vida.